— Vhael-dragon —
Roca, viento, agua, bosques profundos, mar de pastizales, vientos fríos y recios, tierra de robles, tierra de fuego y hierro: Vael-Dragón. Casa de clanes, espadas y escudos unidos bajo las 10 leyes verdaderas. En el valle de Rondalla, justo en el centro, hay un montículo viejo como el mismo valle. En él reposan tres estatuas talladas en piedra, de tintes rojizos, verdes y azules: las tres Reinas. Menhit, aquella que corta; Utrennyaya, la de los amaneceres rojos; Karavmate, la que empu?a. Estos monolitos, doblegados por el tiempo y la lluvia, miran al centro del montículo con manos extendidas cada una, mudas al tiempo, inertes al mundo. Pero no hoy; hoy es diferente. El clima tormentoso de Vael-Dragón azota el valle, creando las condiciones perfectas para que las tres Reinas puedan cantar.
En medio del montículo, salpicado por musgos y helechos, hay un banco de piedra. En él, Mina, inmóvil, mira al este, como esperando un sol que no llega. Alrededor de ella, incontables antorchas dejan ver noches sin descanso. Aislada en el montículo, el recuerdo negro de aquel lugar de sombras la aqueja; sus miradas vacías no aterrizan en ningún lugar, sus cabellos están enmara?ados por horas sin sue?o, en vigilia esperando por un enemigo que no llega. Sus pupilas titilan entre bestia y razón, como carbones a punto de fulgurar en llamas.
Alejadas en las orillas del valle, miran interesadas dos figuras. Uno, con armadura metálica cubierta por una manta carmín y bordes dorados que le cubría hasta los hombros. En su espalda, dos bastones largos y un rollo de piel atados con un cordón. Su casco cubría totalmente la cabeza sin dejar ver el rostro, únicamente los ojos estaban al descubierto. Mientras que el otro, ligeramente armado con un peto de cuero y una piel de lobo con trenzas en el pelaje, tenía la cara cubierta hasta la mitad por un protector de piel que salía de su armadura. Los dos miraban con detenimiento a Mina, que se encontraba abajo en el valle.
—?Solo está ahí sin siquiera gesticular! Kinzo, ?cuánto lleva sin moverse? —Dijo la figura cubierta en armadura de cuero, que encorvada mirando desde el filo del valle, apuntaba a Mina con un estilete ennegrecido y sin brillo.
—Trece horas, Reza. Te dije que no estaba en forma, no es capaz de escuchar el canto de las reinas, ha fallado la prueba de los tres cantos —dijo el hombre cubierto en armadura metálica, su mano descansaba en el pomo de una gran espada, amplia y pesada, en su cinto.
El ambiente del lugar podía describirse como una ma?ana triste y lluviosa, con un frío intenso que te?ía el paisaje con niebla y escarcha. Los musgos y helechos eran hogar para un gran número de luciérnagas de un color amarillento que correteaban por el piso. Los dos guerreros miraban esperando por algún sorpresivo regreso, pero Mina, inmóvil, no emitía ni un sonido.
—Mokuzai llegó hace no mucho. Llevémosla de regreso; las sombras que la aquejan son muy fuertes. Puedo forjar músculos y tú curtir habilidades, pero labrar el alma está fuera de nuestro poder; solo Mokuzai puede ayudarla —Kinzo dijo, dando un paso para bajar al valle. Reza asintió y lo siguió al mismo tiempo.
Las dos figuras bajaron al fondo del valle. Camino al centro de este, notaron profundos surcos en la tierra, hechos con furia por las grandes cimitarras de la forma dragónica de Mina. árboles trozados y piedras enormes quebradas en actos de cólera incontrolada. Mientras más se acercaban al centro del valle, más notaban la destrucción que la lejanía y la niebla del lugar les habían escondido anteriormente.
—El poder es enorme, ?pura fuerza incontrolada! —Kinzo asintió al ver la destrucción del lugar.
—?Fuerza sin control no es buena! Deberá aprender a controlar todo ese ímpetu, debe buscar la manera de administrar ese enorme poder —Reza exclamó firmemente.
Al adentrarse al centro del valle, sintieron una brisa tibia venir del centro de este. Los dos se detuvieron en seco. Reaccionando a un ataque rápido, Kinzo desenfundó su espada, amplia como un escudo. Apoyando su mano tras esta, canalizó su fuerza en la espada fortaleciendo su pose defensiva, y con ello pudo cambiar la trayectoria de un enorme tronco que fue lanzado hacia ellos. Reza soltó el cuerpo y dejó que el impulso de aire lo arrojara a un lado, esquivando perfectamente y sin esfuerzo, para después impulsarse casi instantáneamente a una roca, aterrizando sobre un lado lateral de esta. Kinzo aceleró su caminar poco a poco, intercalando los pies para ganar velocidad increíble. Intencionalmente, arrastró su espada tras de sí, generando un rastro de chispas y escombros. Incrementando rápidamente a su derecha, Kinzo logró ver un manchón grisáceo que se movía a increíble velocidad entre los escombros. Apenas pudo percibir cómo varios proyectiles de piedra y madera eran arrojados hacia su dirección.
Kinzo respiró profundo a través del casco. Se podía ver cómo la neblina era engullida por las rendijas por su potente respiración, mientras su mano derecha se tensaba cerrando el pu?o a su costado para arrojar varios golpes que interceptaron los proyectiles en pleno aire, destruyéndolos antes de que pudiesen da?arlo.
—?La veo! ?Está moviéndose rápidamente alrededor de nosotros! —dijo Reza, mientras detectaba, a partir de las trayectorias de los proyectiles, la ubicación del agresor.
—?Nos está midiendo poco a poco; cada ataque está más dirigido! —Kinzo tensó cada uno de sus músculos recibiendo de golpe un enorme pedrusco. Este rotaba como si fuera una pelota, perdiendo poco a poco su estabilidad por el impulso creado por el giro de la enorme roca. Para no perder noción de su enemigo, concentró su fuerza en reducir la velocidad del enorme pedrusco.
—?Detenla un momento Kinzo! —Reza, como un espejismo, aceleró en un instante, generando un sonido único como de un montón de ramas cantando al viento, desplazándose rápidamente frente a su atacante, que era Mina, perdida en furia y en trance agresor.
—?SHAAAAAAAAA! —siseó Mina fuertemente, desprovista de razón; sus ojos brillaban emitiendo un trazo rojo.
—?Ya está, es toda tuya! —Kinzo usó su enorme espada como martillo para aturdir a Mina, que con enojo seguía asestando ataques sin parar. Asintiendo, Reza volvió a acelerar, dejando un fantasmal trazo tras de sí, llegando frente a Mina donde con la palma de la mano golpeó su abdomen. Este golpe retumbó tan fuerte que las pupilas de Mina temblaron por un instante para desaparecer. Kinzo vio la oportunidad y asestó su ataque, emitiendo un sonoro e intimidante grito que sin moverse de su lugar, ejerció una presión enorme alrededor de él, arrojando a Mina de espaldas, inconsciente.
—?Es muy fuerte! Pero necesita encontrar lo que la limita por el momento —Reza caminaba a un lado de Mina, inconsciente y con las ropas rotas, yacía de lado en la tierra fría. El polvo se asentaba alrededor de ellos; la batalla, si bien fue corta, también fue explosiva.
—Mokuzai la podrá ayudar un poco más, llevémosla antes de que se resfríe; ha estado en los pantanos mucho tiempo, la temperatura baja a los 4 grados en las ma?anas —Kinzo tomó los bastones de madera y el rollo de piel y formó con ellos una camilla en la que Reza subió a Mina, emprendiendo el viaje de regreso.
—?En dónde estoy? —Mina se frotó la sien levantándose del piso. Miró a su alrededor, donde paredes carcomidas por el tiempo la rodeaban. Un solo bombillo de luz titilante se bamboleaba en el techo. Afiches con imágenes intimidantes adornaban los muros en los cuales Mina estaba encerrada. Casi como respirando, estos se cerraron cada vez más sobre ella. Asustada, se levantó rápidamente y corrió buscando una salida, abriendo una puerta que daba a un pasillo amplio con un techo elevado.
—?Dónde estoy? No recuerdo haber venido a este lugar. YO ESTABA EN VAEL-DRAGON —sus pensamientos se aceleraban con el miedo. Al entrar al pasillo, este se extendía a la distancia, casi interminable, y de la parte más lejana llegó rodando, lento y chirriante, un carro metálico. Dentro de este, en un bastón de madera, colgaba y bamboleaba una lámpara de aceite.
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—No… no de nuevo, no —Mina recordó de inmediato aquel carro. El miedo regresó a ella, llevándose las manos al pecho, un gesto que no hacía desde muy peque?a. Se acercó lentamente a este y tomó el manubrio. En ese momento, cadenas salieron de dentro del cajón, atándola violentamente al carro. Mina se resistía con todas sus fuerzas, pero las cadenas se aferraban a ella con fuerza sobrenatural. Atada e inmovilizada, Mina peleaba por liberarse mientras el carro desactivaba el freno con un brusco movimiento. Súbitamente, el pasillo se inclinó y el carro se precipitó a la oscuridad, donde un montón de manos y ojos aparecieron, abriéndose como pétalos de una flor atemorizante, recibiendo y engullendo a Mina, que atada en el carro gritó: —?Nooooo! —.
Mina despertó con un espasmo rápido, sus ojos completamente abiertos, moviéndose rápidamente a todos lados. Temerosos de parpadear nuevamente, observaron el techo, conformado de madera y paja. Dos ratoncillos la miraban desde arriba, despreocupados, lavándose la cara y los bigotes para después escurrirse por una orilla. Retiró la cobija que la cubría y descalza caminó por el cuarto de madera y lozas de barro, repleto de peque?as macetas y terrarios de animalillos comunes, que despreocupados seguían sus vidas. Mina volteó a una ventana; un golpeteo provenía de esta.
—Llueve —murmuró. El fuego en una chimenea hecha de piedra y barro se mecía como si una brisa cálida lo meciera. Mina, al ver tanta calidez y tranquilidad, se sentó en un sofá; un sentimiento de inseguridad empezaba a tomarla.
—?Ya despertaste! Perfecto, Kinzo y Reza estaban algo preocupados. Te dejaron conmigo después que Mokuzai no te aceptó —dijo una voz al fondo del cuarto.
—Te llevaron a ver al viejo Mokuzai y este te mandó conmigo: “?Mucha furia en un solo ser, no se puede doblar la piedra. Yo no puedo ayudarla, ?llévenla con Colle!” —dijo con su voz vieja y gru?ona de siempre—, ?y ahora estás conmigo! Hahahaha. —Mina volteó a ver de dónde provenía esa voz.
—?Reza y Kinzo… dónde están? Me estaban haciendo la prueba de las tres reinas… Fallé de nuevo —Mina apretó sus manos en su pecho; su inseguridad se volvió enojo y frustración. Poco a poco, un olor a huevos y tocino llegó a ella. Mina pudo ver que se encontraba en el segundo piso de una caba?a grande. Sillones, mesas y sillas eran un poco más grandes y robustas de lo normal; ella era una chica grande, no podía imaginar a aquel gigante viviendo en este lugar, ?debía ser un enorme monstruo!
—?Hahahaha, siéntate, pasa a la mesa! ?Hay carne buena y leche; los jóvenes necesitan proteína buena para crecer! —risotadas y un tintineo de ollas y platos se escuchaban en el área inferior de la caba?a. Mina dio unos pasos cautelosos y bajó. La caba?a se conformaba de un cuarto tipo torre con múltiples habitaciones a los lados; las escaleras subían dos pisos más arriba. Una mesa redonda, decorada con platos de comida y bebidas calientes, donde se encontraban cuatro ni?os comiendo. Todos ellos reían y comían. Entre ellos, una ni?a con cabello cortado en fleco largo hasta la nariz volteó a verla y la invitó con la mano a bajar.
—Y… yo no podría, tengo q… ?Que practicar y…! —dijo Mina apenada.
—?Tonterías, tienes hambre! Lo sé, yo la tendría después de tu prueba —dijo aquel hombre en la cocina mientras el sonoro repicar del aceite llenaba el lugar.
—?Es cierto, la prueba! Tengo que regresar e intentar nuevamente… —dijo Mina en voz alta, dio unos pasos para bajar, cuando su estómago rugió fuertemente.
—?Qué se siente, qué se siente, qué se siente! —los cuatro chicos cantaban, golpeando la mesa con los tenedores, invitándola a sentarse. Mina, aún más apenada, se negó sin chistar, a lo que la ni?a la tomó de la mano y la guio hasta la mesa, donde le ofrecía una silla y le dijo con una voz delgada y suave:
—Estas son para los invitados, son más peque?as —la peque?a le ofreció la silla con una sonrisa grande y pura. Mina la miró sin saber qué decir.
—Veo que Runny te ha invitado a la mesa, ?estás en un aprieto, ahora es imposible negarte! Hahahaha —aquella voz salía como un trueno de la cocina.
Mina dirigió su mirada a Runny, que con pulgar arriba le dio su aprobación y le dijo en secreto:
—Los jamones no son tan buenos, pero las tartas de fresa son las mejores. Ralo y Geno no se las comen porque prefieren carne; John prefiere pan de ajo y quesos, así que podemos compartirlas sin problemas —Runny la miraba victoriosa. Mina le devolvió la mirada y por un momento se centraron a comer aquel desayuno que, delicioso y sin parar, casi aparecía mágicamente frente a ellos.
—Listo, con esto el desayuno está terminado, jovencitos. ?Levanten la mesa y diríjanse a hacer sus prácticas de la ma?ana! —una voz fuerte dijo frente a Mina.
—?Sí! —gritaron al unísono y con gran agilidad corrieron a realizar lo instruido. Mina, sorprendida, volteó a ver a aquella persona frente a ella.
—?Se movió sin que yo lo notara? ?Con su tama?o y presencia tan grandes? ?Fue y vino de la cocina varias veces y no noté sus movimientos ni una vez! —Mina pensó y miró detenidamente a aquella persona que se sentaba en un sillón enorme frente a la mesa. Aquel hombre era enorme, vestido con un suéter tejido de estambre con patrones de ciervos y osos, pantalones rectos negros y zapatos de cuero que aparentaban ser confortables, con un tarro de barro en la mano, lleno de café caliente, sobre una mesa junto al sillón. Una barba larga, terminada en puntas y recortada a la línea de su mentón en un patrón zigzagueante, daba la apariencia de una mandíbula con colmillos. La carencia de pelo dejaba ver una herida vieja y grande que corría desde su nuca, pasando por su ojo izquierdo y terminando en la comisura de su boca. Aquel ojo se encontraba tapado por un parche negro en el cual un patrón bordado de hilos metálicos dejaba ver un lobo enroscado mordiendo su cola.
—Hablé con los maestros de la prueba de las tres reinas; al parecer, creen que deberías buscar otro patrón al cual encomendarte. Mokuzai me comentó que tu ira interna no te dejará escuchar la voz de las tres reinas —Mina respondió golpeando con sus pu?os en la mesa, la cual resistió completamente el golpe sin ningún problema. Mina se dejó caer en la silla a punto de gritar de furia. Mordiéndose el labio inferior, se tragó su enojo y le dijo a aquel hombre:
—?Iré a hablar con ellos! Seguramente si me esfuerzo más podré pasar la prueba, solo debo ser más controlada en mi enojo y podré… —Mina se detuvo mientras apretaba los pu?os que reposaban sobre la mesa, que ya estaba limpia.
—?Podrás qué, Mina…? ?Qué deseas obtener? —Mina levantó su mirada ojerosa.
—?Usted es maestro en Vael-Dragon? —preguntó Mina, descorazonada y en voz baja.
—Se puede decir que sí, ?tengo el deber de ense?ar también! Aunque por el momento soy padre sustituto —le respondió aquel hombre tranquilamente. Mina dirigió la vista a los cuatro ni?os que estudiaban en unos pupitres hechos de una sola pieza de un tronco de árbol.
—?Cuatro ni?os son bastante responsabilidad, no puedo negar que es pesado, pero no es la primera vez que he cuidado de otros, lo he hecho desde hace mucho! Hahahahahaha —las risas continuas eran tranquilizantes para Mina por alguna razón, no sentía malicia tras de ellas.
—Veo que también deseas cuidar de otros, Mina —Mina volteó a ver su bolsa de cuero en la cual se asomaban varias pociones y un estuche de primeros auxilios, así como algunos libros de medicina, para voltear de nuevo a ver a aquel hombre.
—Si me lo preguntas, veo una joven que busca más poder frente a mí, pero… ?qué clase de poder? No lo sé, necesito conocerte más para saberlo —tomando café, se dirigió a un librero cercano donde tomó un mapa viejo dibujado en cuero y lo puso frente a Mina. Ella lo volteó a ver.
—Tal vez ahí esté algo que puedas usar, aunque te advierto, es un lugar oscuro. Probablemente veas no solo aquella sombra que te persigue, también verás tu propia oscuridad —Mina tomó el mapa convencida.
—No te pido que me entrenes, ?pero puedes prepararme? —miró al hombre, que asintió y le dijo:
—?Puedo recordarte algunas cosas y darte un poco de consejos si es que deseas escuchar! —
—?Sí, lo haré! —Mina asintió y se sentó un poco más para escuchar lo que aquel hombre le dijo.

