Llegó el mediodía del segundo día desde que el lago se había te?ido de rojo.
Las tres se encontraban sentadas alrededor de la mesa baja, almorzando platos sencillos. Nada que ver con las comidas abundantes y refinadas del día anterior, pero nadie se quejó demasiado. Después de todo, el chef estaba retenido en una habitación tras haber asesinado a Genzou, y no había muchas alternativas.
Mochi fue la primera en romper el silencio.
—Sé que suena mal, pero… ?de verdad no podemos liberar al chef? —dijo mientras jugueteaba con los palillos—. Mató a alguien, sí, pero fue para vengar a la persona que amaba. Estoy segura de que, en un juicio, su abogado usaría eso como defensa. Tal vez podríamos soltarlo un rato… al menos para que prepare la cena de esta noche.
Haruka negó con la cabeza sin dudar.
—No se puede —respondió con calma—. Esto no es un juicio. Además, fui a verlo hace una hora y no está mentalmente estable. Liberarlo ahora solo traería más problemas, y no pienso arriesgarme.
Levantó la mirada.
—En cuanto terminemos de comer, comenzaremos la siguiente parte del entrenamiento.
Mochi suspiró, estirándose con total despreocupación.
—Ahhh… qué llena que estoy… —murmuró.
Sin decir nada más, se deslizó hacia un lado y apoyó la cabeza sobre las piernas de Haruka, acomodándose como si fuera lo más natural del mundo.
—Después de comer siempre me da sue?o… —dijo con voz adormilada—. Haruka, sé mi almohada un ratito…
Y sin esperar respuesta, se acurrucó y cerró los ojos.
Haruka se quedó completamente quieta.
Dentro de ella, dos partes comenzaron a enfrentarse.
Por un lado, su deber como agente: entrenarlas, mantenerlas alerta, no bajar la guardia en una situación tan delicada.
Por el otro… Mochi.
Desde la noche anterior estaba más cercana, más cari?osa, buscaba contacto constantemente. Haruka no entendía del todo la razón, pero una parte de ella temía que, si la rechazaba ahora, ese momento no volvería a repetirse.
—Bueno… supongo que el entrenamiento podría esperar un poco… —murmuró casi sin darse cuenta.
Entonces sintió una mirada clavarse en ella.
Fría. Directa.
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Levantó la vista y se encontró con los ojos de Miyu al otro lado de la mesa.
—Ehh… no esperaba que Haruka-san fuera el tipo de persona que cede tan fácilmente a las tentaciones y abandona su deber —dijo Miyu, cruzándose de brazos.
Aunque se había prometido ayudar a Mochi a hacer realidad sus sentimientos, ver a esas dos coqueteando sin vergüenza frente a ella le resultaba… irritante.
Haruka se aclaró la garganta.
Con suavidad, apoyó una mano sobre el hombro de Mochi y la sacudió levemente.
—Mochi… despierta.
—Mmm… —protestó ella, frotándose los ojos—. ?Qué pasa, Haruka…? Quiero dormir un poco más…
—Lo siento —respondió Haruka con una peque?a sonrisa cansada—, pero no podemos posponerlo. Cuanto antes empecemos, mejor.
Mochi la miró unos segundos en silencio… y luego suspiró resignada.
—Ugh… está bien…
Se incorporó lentamente, aún con el rostro somnoliento, mientras Miyu observaba la escena con una mezcla de alivio y ligera frustración.
El descanso había terminado.
Y el entrenamiento… apenas estaba por comenzar.
—Supongo que no hay nada que hacer al respecto… —murmuró Mochi—. Será un masaje otra vez, imagino. ?Quién va primero?
—No —respondió Haruka tras una breve pausa—. Esta vez pasaremos a la segunda etapa del entrenamiento.
Mochi y Miyu se miraron con curiosidad.
—Como ya saben, sus armas fueron forjadas a partir del núcleo de una anomalía eliminada —continuó—. Las habilidades que poseen dependen directamente del poder que esa anomalía tuvo en vida. Aunque ya están muertas, una parte de su conciencia aún permanece dentro del arma.
Las dos escuchaban con atención.
—En esta etapa, su tarea es conectarse con esos restos de conciencia. Verán fragmentos de sus recuerdos: su historia, su personalidad. Al comprender mejor el origen de su arma, podrán resonar con ella, conocer su verdadero poder y usarlo a voluntad.
—Haruka… —dijo Mochi, algo incómoda—. Déjame adivinar. ?Este método también es poco convencional?
Haruka asintió sin dudar.
—Exacto. Normalmente, esto se logra con el uso constante del arma, con el paso del tiempo. Pero este es un caso especial. No tenemos ese lujo. Tendremos que forzar un poco las cosas.
—?Eso es seguro? —preguntó Miyu.
—No alcanzarán el nivel que obtendrían con un entrenamiento tradicional —aclaró—, pero acelerará enormemente su progreso inicial.
Dicho esto, Haruka comenzó a buscar algo entre su equipaje.
—Esta vez, ambas harán esta parte al mismo tiempo. Coloquen dos futones.
Sacó entonces dos peque?os frascos. A diferencia de los anteriores, estos contenían un líquido rojizo oscuro, espeso y viscoso.
—Beberán una droga especial —explicó—. Les provocará un sue?o profundo, durante el cual podrán conectar con su arma y experimentar una especie de visión. Verán imágenes, fragmentos del pasado del arma. Cuánto logren ver dependerá de su compatibilidad con ella.
—?Droga…? —repitió Mochi, alarmada—. ?Dijiste droga?
—Haruka-san… —a?adió Miyu con una sonrisa nerviosa—. ?Qué contiene exactamente ese frasco?
—No se preocupen. Es completamente inofensiva para el cuerpo. No causa adicción ni efectos secundarios. Además, está hecha con ingredientes naturales.
—?Naturales…? —repitieron ambas al mismo tiempo.
—éter concentrado —enumeró Haruka—. Sangre de anomalía…
—??Sangre!?
—??Sangre!?
Las dos se sorprendieron.
—Ya basta de preguntas —las cortó Haruka—. Bébanla de una vez y sin quejarse.
Sin otra opción, Mochi y Miyu obedecieron. Para su sorpresa, el líquido no tenía sabor alguno, aunque su textura era extra?amente espesa, casi como gelatina. Poco después, una pesadez abrumadora comenzó a invadir sus cuerpos. El sue?o llegó tan rápido que sentían que podían caer dormidas en cualquier momento.
Sin perder tiempo, ambas se acostaron en sus futones, sosteniendo firmemente sus armas entre las manos.
Mochi abrió los ojos, desorientada.
Ya no estaba en la posada.
Se incorporó lentamente y miró a su alrededor. Estaba sola, en medio de la nada. árboles se extendían en todas direcciones y, más adelante, una pradera cubierta de hierba alta se mecía suavemente con el viento.
No sabía cómo había llegado allí.
Lo último que recordaba era haber bebido esa extra?a droga… y el sue?o.
—?Ya sé! —exclamó, comprendiendo al fin—. Esta debe ser la visión de la que habló Haruka…

