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Capítulo 17

  -Pero eso es falso, Zeus abandono el Olimpo, su puesto de dios, su arma legendaria y su familia por otra impensable razón- les dijo Dheria.

  -?Entonces porque fue?- le pregunto nuevamente Jeno.

  -Por una mujer...

  -?Una mujer?, eso no suena a algo que haría el dios Zeus, es cierto que tuvo muchas aventuras, pero...- mencionaba la vampiresa y noto como la amazona de cabellos ambarinos se se?aló el corazón.

  -Si podría, porque las amazonas podemos derretir el corazón de piedra de cualquier hombre- respondió Dheria.

  -Así que era una amazona, interesante- menciono nuevamente Alysa.

  -Yo no estoy aquí para hablar de mitos y leyendas, ?me puedes guiar hacia Astrid si o no?- le pregunto el casta?o a la amazona y esta suspiro.

  -Vez a lo que me refería con derretir el corazón de cualquiera, Jeno tu amiga Astrid es una de las hijas de Arios, el rey hace a?os quiso tener unos hijos tan poderosos como Tifón, estuvo con varias mujeres de la isla y solo cuatro embarazos salieron siendo ni?as, esas ni?as serian la máxima personificación de las amazonas, fueron entrenadas para enga?ar, matar y seducir a cualquiera, abre los ojos ya, todo fue mentira, ella no te quiere- le dijo Dheria en un tono un tanto cruel pero el casta?o sonrió mientras fruncía el ce?o.

  -Eso que me lo diga ella a la cara, solamente necesitó verla una vez más y lo sabré por mi mismo, aparte ya está decidido, mis amigos deben estar capturados por tus hermanas, es inevitable que me enfrente a tu Rey- le dijo Jeno sonriendo la amazona.

  -Ciertamente, yo y muchas de mis hermanas estamos cansadas de depender de una profecía, no me gusta que un hombre colabore con nosotras, pero mientras más mejor, la profecía dice que Zeus descenderá e ira eliminando uno a uno el ejército de hijas monstruosas de Arios para luego encargarse del, ya va siendo hora de que lo hagamos quienes estamos aquí- le dijo la amazona alertando a la chica.

  -A que te refieres, una de esas amazonas especiales casi nos mata, no quiero que Jeno sé enfrente de nuevo a ellas, podría morir y ya va a amanecer yo no podre estar ahí para curarlo, aparte como sabes que están capturados ella tenía intención de matarlos- comentaba Alysa y Dheria la callo.

  -Tranquila, ahora que una de ellas esta herida por las batallas es el momento de actuar, Jeno solo rescatara a sus amigos en cautiverio, puedo asegurar que su ejecución será en público, a las amazonas siempre nos ha gustado humillar a los hombres inferiores.

  -Entonces nos vamos, cuídate Alysa, volveré seguramente, quédate aquí y descansa, si todo sale mal por lo menos que tu estés a salvo- le dijo el casta?o agachándose a su altura poniendo sus manos sobre sus hombros, terminando por levantarse y marcharse junto a la amazona de cabellos ambarinos, terminando de recordar la peque?a vampiresa.

  -Quedarme escondida y esperarte no es lo que quería idiota- se quejó ella en voz baja mientras fruncía el ce?o.

  Ya de día con el sol ba?ando con sus rayos la espesura de la jungla, se podía observar tanto a un casta?o como a la amazona de cabellos ambarinos caminar por esta atravesando malesa y trampas naturales del hábitat, la chica podía ver como Jeno iba saltando de árbol a árbol evitando todas esas cosas llamando la atención de esta.

  -No puedo creer que exista un hombre que conozca más la jungla que una amazona- comento ella y este de pronto apareció delante de ella boca abajo colgado de una liana asustándola.

  -Yo crecí con centauros, tuve que ingeniármelas para no quedarme atrás- le respondió este reincorporándose ella del susto enojándose en gran medida.

  -Por cierto antes dijiste que el Rey Arios embarazo a varias mujeres, pero solo cuatro embarazos fueron ni?as, acaso, ?las demás le dieron varones?- le pregunto Jeno bajándose de la liana adoptando un semblante serio la amazona.

  -Justo eso iba a ense?arte, la razón por la que no aguanto más a este cruel e inhumano rey- le dijo ella acercándose a un foso que había allí, al acercarse el casta?o, este se quedó perplejo, -Ahora lo vez, estos son sus hijos- le dijo ella nuevamente palideciendo Jeno viendo la monta?a de esqueletos de infantes que había dentro de ese profundo foso.

  Jeno no menciono ni una palabra, solamente apretó sus pu?os y dientes ensombreciéndose sus ojos apartando la mirada la chica pues ella también sentía una enorme pena en su interior, terminando por hablar ella.

  -Jeno, las amazonas tenemos un código de honor muy estricto, si nos retamos tenemos que corresponder con un enfrentamiento, retaré a Heyla en el Coliseo de la ciudad, todas asistirán a ver la lucha, incluso nuestra reina, la esposa de Arios, ese será el momento idóneo para que te infiltres en las mazmorras del coliseo y salves a tus amigos, no somos una población enorme por lo que podrán salir y escapar a la jungla fácilmente, ya que todas o la gran mayoría verán la pelea, ?entiendes el plan?

  -Si hagámoslo rápido, quiero salvar a mis amigos y a Astrid lo más rápido posible, no quiero estar ni un día más en esta asquerosa isla- menciono el casta?o dándole la espalda a la mujer empezando a caminar entristeciendo a la chica, -Hacia donde debemos ir, mientras más rápido lo hagamos más rápido serán libres- repitió este y los ojos de la mujer empezaron a brillar de nuevo soltando una ligera risa.

  -Por aquí Jeno, vámonos lo más rápido que podamos- le dijo ella tomándole la mano empezando a correr junto a este portando una gran sonrisa con un brillo de esperanza en la mirada.

  En un lugar alejado de la jungla en unas destrozadas ruinas de pronto un sátiro de cabellos claros abre los ojos viendo al licántropo a su lado, la bestia azabache también estaba despierta notándose confundida tocándose su cabeza.

  -?Calix!, ?Calix!, ?qué fue lo que paso?- le preguntaba exaltado el sátiro empezando a correr a su alrededor molestando ligeramente a la bestia azabache.

  -Ya te escuché, Yan, se supone que Astrid nos mató de una explosión de fuego- le dijo el hombre lobo empezando a tocarse de manera nerviosa por todo su cuerpo el satiro.

  -Pero, pero, estamos vivos, ?no?, entonces Astrid...no nos odia- dijo el sátiro expulsando algunas lágrimas de alegría.

  -Quizás, pero ya ha amanecido, ?qué paso con Deo?- se preguntaba el licántropo mirando hacia todos lados.

  -El sol ya está en el cielo, se habrá echo polvo- afirmaba Yan con la expresión pálida mordiéndose las u?as.

  -???Idiotas, no me maten tan fácilmente!!!- les grito el rubio que estaba debajo de un peque?o trozo de techo recostado también a una pared, protegiéndose por la peque?a sombra que le cubría allí.

  -Todos salimos ilesos, Astrid no nos traicionó- comento el sátiro y el rubio negó con la cabeza.

  -Ciertamente, no nos mató, pero si nos dejó inconscientes con la explosión, pero quien nos resguardó aquí y nos salvó, sobre todo a mí fue la otra- menciono el vampiro.

  -?Cuál otra?- pregunto el sátiro y el rubio se?alo al cielo girándose tanto el licántropo como el sátiro quedándose perplejos ellos al ver quien era.

  Era la amazona de cabellos plateados, Vers, la cual estaba sentada en lo alto de algunas de las edificaciones, al verlos consientes esta saco sus alas empezando a gru?ir el licántropo, esta aleteo hasta estar al frente del y lo se?alo con el ce?o fruncido notándose en sus mejillas un ligero sonrojo.

  -???Esto es vida por vida, me pudiste matar cuando nos enfrentamos antes, pero... eres tan ingenuo que me perdonaste la vida...imperdonable, que deplorable... perro sarnoso... yo...los dejaré pasar por ahora, si nos volvemos a ver no los dejaré vivos... idiotas!!!- les gritaba ella notándose nerviosa mientras su sonrojo aumentaba alzando vuelo yéndose de ahí por los aires a gran velocidad dejando a todos los presentes con una gotita de sudor recorriéndoles por sus frentes.

  -?Ahora que haremos Deo?- pregunto Yan y el rubio suspiro.

  -No creo que pueda continuar mi viaje sin el tridente, hay que recuperarlo y traer con nosotros a Astrid, no quiero a un mapa deprimido entre nosotros- decía Deo recordando como Jeno lloro en la playa, -Traeremos a era zorra por sus desali?adas gre?as aunque nos cueste la vida, pero tendré que esperar al anochecer para poder moverme, ustedes deberán adelantarse- repitió el rubio asintiendo estos dos.

  Alejados de allí, en la civilización, en una ciudad de mujeres, estas trabajan y cazan, hacen todo por sí solas, pero ahora mismo la gran mayoría estaba presente en el enorme coliseo que se alzaba en la ciudad de las amazonas, construidos con fuertes y poderosos muros, se alzaba a gran altura el coliseo con miles de gradas donde estaban sentadas las mujeres, en la arena se estaba llevando a cabo una batalla, pero enfocándonos en nuestro casta?o lo podíamos observar saltando entre los techos en solitario visualizando la entrada a las mazmorras subterráneas del coliseo.

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  -Allí es Jeno- le dijo Equidna quien le hablaba a sus espaldas se?alando el lugar, pero estaba protegido por dos guerreras.

  -Ya veo, me preocupa Dheria pues ahora mismo debe estar enfrentándose a ese monstruo, pero esta es la mejor oportunidad para entrar a por los demás- se decía a sí mismo este y se?alo a las guerreras, -Equidna, ya sabes, encárgate de esas chicas rápidamente y si abres las rejas de acero mejor.

  -Por supuesto- le afirmo ella extendiendo sus cabellos por las edificaciones llegando los delgados hilos donde las chicas rodeándoles el cuello sin que ellas se dieran cuenta empezando a ser asfixiadas cayendo estas inconscientes al suelo, los mismos delgados cables rodearon los barrotes y en un movimiento fueron cortados como si fueran de papel abriéndose la puerta, -Ya esta.

  -Nunca dejas de sorprenderme- decía Jeno empezando correr hacia allí por el aire apoyado en los delgados cabellos de la mujer serpiente, llegando a esa zona saltando para aterrizar allí y entrar a las mazmorras.

  Mientras caminaba el casta?o lentamente por allí se podía escuchar gritos eufóricos de la multitud, que resonaban en esa insólita cloaca, al seguir bajando pudo visualizar la celda con sus amigos heridos, arrancando la puerta que los separaba una enorme mano conformada de cabellos escarlatas que jalando la puerta por los barrotes la separo, Jeno entró inmediatamente y noto que Ezio estaba medianamente consiente.

  -?Ezio estás bien?- pregunto Jeno tomándolo en brazos empezando a sacar algo de su cinta dorada.

  -No dieron una paliza y nos trajeron aquí, ja, ja, ja, gracias por venir, pero en estas condiciones ninguno puede huir- le dijo el guerrero destrozado, pero noto como Jeno se sacaba un pa?uelo empapado en sangre seca.

  -No digas estupideces, eres el portador de Heracles, ?no?- le decía el casta?o pasándole ese pa?uelo por los brazos a su amigo notando como estos empezaron a sanar quedándose este sorprendido, -Ya es de día y no puedo arriesgar a Alysa, pero esto debe ser suficiente como para que puedas moverte y escapemos de aquí, cárgalos tú que eres el fortachón- le dijo este y Ezio asintió tomando su deidad en brazos a sus amigos heridos.

  Estos empezaron a subir las escaleras corriendo a gran velocidad tratando de salir de las mazmorras, de inmediato se sintió como la tierra tembló escuchándose un gran estruendo, alertando tanto a Jeno como a Ezio que cargaba a sus dos compa?eros inconscientes.

  -Ese poder, solo puede ser...- decía el casta?o y el guerrero de armadura cobriza le callo con su frase.

  -Es ella, la amazona que nos atacó en la playa, he sentido su fuerza en mi carne, sé bien que es ella- le contesto este palideciendo el casta?o.

  -Eso quiere decir que es malo- le contesto Jeno empezando a bajar las escaleras de nuevo sorprendiendo a Ezio.

  -?Qué haces?, ?tenemos que escapar!

  -Adelántate y huyan hacia la jungla, yo debo traer conmigo a cierta persona- le dijo Jeno y Ezio asintió continuando su camino hacia arriba recordando algo el casta?o.

  -Recuerda Jeno, cuando empieze la pelea, debes entrar a las mazmorras y rescatar a tus amigos y huyan a la jungla, yo me encargaré de crear un gran espectáculo- le dijo Dheria al casta?o en un recuerdo de no hace mucho tiempo atrás.

  -?Muy bien y cuando nos reunimos de nuevo?- le pregunto Jeno.

  -No nos reuniremos de nuevo- le respondió la amazona de cabellos ambarinos marchándose del lugar dejando pensativo al casta?o volviendo la mente de este al presente.

  -???No puedo dejar que te maten así nada más, idiota!!!- se gritaba a sí mismo el casta?o llegando a una pared siendo esta el fondo de la mazmorra, Jeno empezó a escalarla rápidamente llegando a un sitio donde había un agujero, este asomo su ojo por ahí y pudo verlo, Dheria estaba arrodillada en el suelo cubierta de sangre y quemaduras mientras que la amazona rubia se carcajeaba, -Maldición, lo sabía, Equidna llego la hora de ser un héroe- le dijo el casta?o mirando hacia la cima de los muros apareciendo la mujer serpiente de su sombra empezando a enviar sus cabellos hasta la cima como una red empezando a treparla este.

  En la arena se podía notar a la sofocada Dheria arrodillada en el suelo observando su lanza arrojada en la arena, esta podía ver como la amazona rubia que ahora portaba unas vendas en su ojo izquierdo le rodeaba con su pu?o en llamas.

  -Realmente no sé cuál era tu motivo para querer retarme, que pensabas, que por estar herida ibas a poder matarme, que tontería no somos iguales- le decía la amazona rubia saliendo de su espalda tanto sus alas como cola mirando a la mujer en el suelo con una mirada sombría, - La verdad es que yo te admiraba de peque?a, la feroz Dheria, poderosa, fuerte y valiente, nunca necesitó la fuerza de nadie para sobrevivir, pero cuando peleaste con mi padre y este te derroto para mí moriste de verdad, te deshonraste, él te perdono la vida por todos tus servicios pasados y te dejo vivir en la jungla apartada de la sociedad como ermita?a y así es como le pagas, queriendo matarme, para mí moriste en ese entonces, así que no me cuesta nada desaparecerte de la existencia- le decía Heyla mientras la rodeaba terminando por darle la espalda.

  -Me halagas que pienses eso de mi peque?a, pero me temo que me da igual- le dijo la amazona de cabellos ambarinos moviéndose visualizándola la rubia girándose rápidamente, pero Dheria barriendo su pie en la arena con una patada elevo el polvo produciendo que Heyla la perdiera de vista.

  La rubia disipó el polvo con su mano, pero la había perdido de vista encontrándose esta detrás de Heyla a punto de clavarle su pica, pero la feroz morena le golpeó el estómago con su cola antes que pudiera atravesarla con su lanza, el golpe fue tan fuerte que los ojos de la de cabellos ambarinos se pusieron en blanco y Heyla la tomo del cuello empezando a asfixiarla elevándola del suelo.

  -??Qué hago con ella mi reina?!- pregunto en voz alta Heyla observando a la parte más alta del coliseo siendo este un lugar de lujo donde estaba sentada en un trono una mujer.

  La mujer sentada allí en ese trono, tiene un largo cabello anaranjado de gran longitud, su pelo era liso ondulándosele en las puntas, las mismas estaba trenzadas en una coleta siendo esta muy gruesa cayendo esta por encima de su hombro, tambien tenia un cerquillo de flequillos ondulados cayendo sobre su frente mientras que una corona de espinas se posaba en su cabeza, sus ojos se notaban frívolos y eran de color verde como una esmeralda, su rostro tenía varias pecas dándole un tono superior a su bello rostro que ya de por sí portaba gran elegancia teniendo unos labios hermosos que le darían ganas de besar a los mismísimos Cronidas, por el resto de su cuerpo también tenía pecas como en sus hombros, es una mujer de enormes dimensiones, sus senos eran muy grandes, estaba sentada, pero aun así se podían apreciar su enorme trasero y delgadas curvas, esta se nota que tiene una constitución tonificada, vistiendo unos ropajes de telas delgadas de colores blancos que le cubren todo el cuerpo.

  -Haz lo que mejor se te da hermana- le respondió la bella mujer escuchándose su dulce voz moviendo su mano en se?al de aprobación.

  -Muy bien mi reina- menciono la amazona rubia prendiendo su pu?o escamoso en llamas apuntando a golpear el rostro de la mujer derrotada aumentando aun más la presión que le ejercía en el cuello con su otra mano, esta envió el pu?etazo, pero este no la alcanzo su brazo no lo podía mover, esta dejo caer a la chica y tras un brusco movimiento de sus flamas pudo romper aquello que le impedía moverse tomando en su mano unos pedazos que caía en el aire, esta los observo quedando perpleja, -Es pelo- se dijo a sí misma y se escucharon unas carcajadas en la cima del Coliseo, mirándolo rápidamente Heyla.

  En lo alto, mucho más alto que la cima del Coliseo, una persona estaba parada en el aire, no era otro que Jeno quien empezaba a caminar por el aire, todas las mujeres lo vieron sorprendidas pues esta haza?a era digna de Hermes, el casta?o fue bajando de los cielos hacia abajo llegando a estar a pocos metros de la rubia chocando ambos las miradas estando estas cubiertas de sombras, sonriendo ambos al verse.

  -Hola terroncito, al parecer no puedes dejar de buscarme, es entendible pues soy irresistible- le dijo la rubia mientras se acariciaba con sus manos sus curvas y senos.

  -Puede ser, pero me gustabas más cuando tenías dos ojos- le respondió el casta?o sonriendo de manera dentuda frunciendo el ce?o la morena.

  Jeno dio un salto aterrizo en la arena frente a la chica doblando sus rodillas subiendo uno de sus brazos por detrás de su cabeza se?alándola con su índice mientras que con su otra mano se acariciaba el costado contrario a su brazo del abdomen, Equidna apareció de pronto detrás del de las bastas sombras que habían en la arena pues el sol estaba en su punto más alto, esta rodeo el cuerpo del casta?o con su cola de escamas rojizas y girando un poco su torso se?alo con su mano doblada también a la amazona, agarrándose también su brazo con la otra mano, ambos adoptaron una pose realmente extra?a para los ojos de todas las presentes, pero Heyla lo podía ver, la gran fuerza que desprendían usuario y deidad.

  -Ahora te veo distinto, supongo que esto se puede poner interesante- le comento la rubia, pero noto como este la ignoro caminando donde Dheria.

  -Jeno... idiota, ?por qué... viniste?- le pregunto la amazona totalmente exhausta pudiendo apreciar por muy poco su figura, de pronto esta noto como este la cargaba de modo nupcial alejándose de allí.

  -Tú me salvaste la vida, esto es lo menos que puedo hacer- le respondió este apoyándola al borde de la pared del coliseo donde había un poco de sombra, volviendo a caminar hacia la portadora del dragón.

  -Veo que sigues siendo un encanto con las mujeres terronsito- le dijo la rubia portando una peque?a sonrisa notando el semblante serio del casta?o, -?Espero que estés preparado?- le pregunto esta nuevamente sintiéndose la frívola aura de la mujer quedándose en silencio todo el coliseo.

  -Muy bien, ?cuándo empezamos?- le pregunto el casta?o frunciendo el ce?o y apretando su pu?o sonriendo de manera dentuda la amazona.

  La amazona alzó vuelo con sus alas draconianas volando hacia el casta?o, este avanzo contra ella moldeando sus cabellos Equidna creando varios pu?os, al estar ambos cara a cara este junto a su sombra empezaron a golpear de manera consecutiva contra ella, pero esta desapareció rápidamente de su vista, parando Jeno de golpear buscándola con la vista, pero en un instante ella con su pierna prendida en fuego le golpeo el estómago vomitando este gran cantidad de sangre siendo enviado del impulso contra unas de las paredes del coliseo creando un agujero estrellándose en las calles de las afueras.

  -Por mucho que seas un encanto terronsito solo eres un estúpido hombre que fue enga?ado por mi hermana, mientras más rápido lo aceptes será mejor para ti, tu caballerosidad no sirve para nada y menos contra la mejor guerrera de las amazonas, yo Heyla, ja, ja, ja, no sé si me escuche después de eso, ja, ja, ja- le decía ella empezando a carcajearse y con esta todas las mujeres presentes de las gradas observando a su victoriosa hermana con varias risas la propia reina.

  Derrotado en el suelo se encontraba Jeno quien estaba semi consiente empapado en sangre y polvo, este movió su mano de manera lenta para tocarse la zona golpeada y suspiro, recordando cuando era peque?o y solían golpearlo los muchachos centauros con sus poderosas piernas de caballo en el estómago, pero ese recuerdo no terminaba allí, una poderosa centauride venía a salvarlo y les devolvía los golpes a cada centauro que se metió con él y esté volviendo en sí soltó una risita.

  -Si esa fuerza es de la mejor guerrera de las amazonas, no es nada comparada a la mejor guerrera de los centauros- dijo para sí mismo el casta?o sonriendo de manera dentuda calentándose su piel notándose como empezaba a expulsar vapor tomando su carne un tono rojizo...

  Continuara...

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