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38. Verdaderos Sentimientos

  Mochi puso al tanto al personal de la posada sobre lo que había visto: a Rin saliendo sola en plena noche. Desde entonces habían pasado apenas unos minutos, pero el ambiente ya se había vuelto pesado.

  En el recibidor se habían reunido todos los empleados, incluidos los due?os. Vestían gruesos abrigos, bufandas y guantes, y sostenían linternas encendidas, listos para salir al exterior. A través de las puertas corredizas se filtraba un aire helado que hacía temblar las llamas.

  Las tres chicas permanecían a un lado, observando la situación en silencio.

  Entre el murmullo nervioso del grupo destacaba un sonido distinto: un llanto ahogado. Ume, la esposa del due?o y madre de Rin, sollozaba desconsolada, aferrada a su abrigo.

  —?Por qué… por qué nos pasa esto…? —repetía entre lágrimas—. ?Qué hicimos mal…? ?Acaso Mizuchi-sama nos está castigando…?

  Sus palabras helaron aún más el ambiente.

  Miyu fue la primera en notar el cambio afuera. Se acercó a una de las ventanas y apartó un poco la cortina.

  —?Está empezando a nevar! —exclamó.

  La noticia cayó como un balde de agua fría.

  La temperatura exterior ya había descendido por debajo del punto de congelación y todo indicaba que seguiría bajando. Permanecer afuera sin la ropa adecuada ya era peligroso para cualquier persona… pero para alguien de raza catsith, como Mochi o Rin, aquel frío podía ser directamente mortal.

  —No podemos esperar más —dijo Genzou con voz firme, apretando los pu?os—. Tenemos que salir ahora mismo.

  El hombre no intentaba ocultar su angustia. Era su hija la que estaba allá afuera.

  Mientras el grupo se organizaba para la búsqueda, Haruka hizo un gesto a Mochi y Miyu para apartarse un poco, lo suficiente para que nadie más pudiera oírlas.

  —Me uniré a la búsqueda —dijo en voz baja—. Algo no anda bien. Hay demasiado éter en el ambiente, mis sentidos están nublados… pero aun así percibo la presencia de varias anomalías poderosas cerca.

  Mochi sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

  —Mientras el grupo busca a la chica, yo me adelantaré y me encargaré de eliminarlas —continuó Haruka—. Ustedes dos quédense aquí. No salgan de la posada. Volveré enseguida.

  Haruka dio media vuelta para unirse al grupo, pero Mochi reaccionó de inmediato y la tomó del brazo, deteniéndola.

  —?Espera! —protestó—. ?Cómo que quedarnos aquí? Si hay anomalías afuera es mejor que vayamos juntas y te ayudemos, ?no? ?Verdad, Miyu?

  —?Claro! —asintió Miyu sin dudar—. Dame un segundo y voy a buscar ropa de abrigo a la habitación.

  Haruka negó con la cabeza.

  —No. Ustedes se quedan aquí. Con su nivel actual no podrán hacer nada.

  —?Eso no es cierto! —replicó Mochi—. Miyu y yo hemos enfrentado muchas anomalías estos meses. Soy más fuerte que la última vez que me viste luchar. Además, no podemos quedarnos escondidas mientras tú cargas con todo.

  —Aún les falta mucho —respondió Haruka con frialdad—. No pueden seguirme.

  —?Pero Haruka, nosotr—

  —?Mochi, dije que no! —alzò la voz sin querer.

  Varias personas que estaban por salir se giraron para mirarlas. Al darse cuenta, Haruka respiró hondo y volvió a bajar el tono, aunque su expresión seguía siendo dura.

  —Con su fuerza actual solo me estorbarán —dijo en voz baja pero firme—. Quédense aquí. Esto no es un juego.

  —?Haruka! —se quejó Mochi, apretando los pu?os.

  —Es una orden —dijo, sin darle margen para responder.

  El silencio que quedó entre las dos fue más frío que la nieve que comenzaba a caer afuera.

  Ambas se miraron fijamente. Ninguna parecía dispuesta a ceder.

  Antes de que la discusión escalara, Miyu se interpuso con rapidez entre las dos, apoyando una mano en el brazo de Mochi y hablando con voz suave.

  —Senpai, cálmate un poco… —dijo—. Haruka-san debe tener sus razones para decir que es peligroso. Tal vez lo mejor sea escucharla y esperar.

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  —?Justamente porque es peligroso deberíamos acompa?arla! —replicó Mochi, frunciendo el ce?o—. No tiene sentido dejarla sola.

  Miyu negó despacio con la cabeza, pensativa, y luego habló con más firmeza.

  —No, senpai. En realidad… Haruka-san tiene razón en pedirnos que nos quedemos. Piénsalo: ?qué pasaría si las anomalías atacan la posada mientras ella está fuera? Con Haruka lejos, sería nuestro deber proteger a todos los que se queden aquí, ?no es así?

  Miyu levantó la mirada hacia Haruka, buscando su confirmación.

  —Exactamente —respondió la elfa sin dudar—. Es tal como dice Miyu. Y ahora debo irme.

  No esperó respuesta. Se dio la vuelta y se unió al grupo de búsqueda que ya estaba listo para partir. Algunos empleados intentaron detenerla; después de todo, no querían que una huésped tan importante se expusiera al peligro. Pero Haruka fue tajante, se impuso con calma y terminó acompa?ándolos.

  Mochi y Miyu observaron cómo las luces de las linternas se alejaban hasta desaparecer en la noche helada.

  El ambiente quedó tenso.

  Miyu lo notó enseguida y se llevó un dedo al mentón, pensando qué hacer para aliviar la situación. Entonces, sus ojos brillaron.

  —?Senpai! —dijo de repente—. ?Por qué no entramos a las aguas termales? Hace muchísimo frío… nos vendría bien calentarnos un poco.

  —?Eh? —ella parpadeó—. ?Así, de repente? ?No se supone que tenemos que proteger a los que se quedaron?

  —?Sí, claro! —respondió con entusiasmo forzado—. Pero, eh… para proteger correctamente a los demás hay que estar en perfectas condiciones físicas. Y para eso… hay que entrar al agua caliente.

  Sin darle tiempo a reaccionar, empezó a empujar a Mochi suavemente en dirección a los ba?os.

  —Miyu, espera, eso no tiene sentido… ?Solo quieres llevarme a las termales, ?verdad?!

  Al final, cayó en la cuenta del plan. Y también de que no serviría de nada resistirse.

  Suspiró, resignada ante su destino inevitable, y se dejó arrastrar.

  —Ba?o con senpai~? Ba?o con senpai~? —tarareaba Miyu alegremente mientras se desvestía frente a las taquillas, sin molestarse ya en ocultar sus intenciones.

  Mochi, que había aceptado su destino, comenzó a quitarse la ropa también. Aun así, su mente trabajaba a toda velocidad buscando alguna forma de ocultar su cola para que Miyu no la viera mojada. Pensó en cubrirse con una toalla… hasta que vio el cartel claramente visible en la pared: Prohibido entrar al agua con toalla.

  —Genial… —murmuró para sí.

  Cuando terminó de guardar su ropa en la taquilla, sintió una mirada clavada en ella. Al darse la vuelta, encontró a Miyu observándola con descaro.

  Instintivamente, Mochi tomó la toalla y se cubrió.

  —M-Miyu… ?qué te parece si entras primero? —dijo, nerviosa—. Tengo que atarme el cabello. Voy enseguida.

  Miyu, que llevaba el pelo corto y no necesitaba hacerlo, asintió sin sospechar nada y entró al agua primero.

  Mochi se ató el cabello con cuidado y finalmente entró. Miyu ya estaba sumergida hasta los hombros. Mochi caminó hacia ella y se hundió a su lado, haciendo todo lo posible por ocultar su cola detrás de su cuerpo.

  El silencio se instaló entre ambas.

  Pasaron varios minutos así, solo con el sonido del agua y el vapor elevándose lentamente. Hasta que Miyu no pudo soportarlo más.

  —Senpai… ?Pasó algo entre ustedes?

  Mochi alzó ligeramente las orejas.

  —Incluso antes de esta discusión ya parecías molesta con Haruka-san. Cuando volví del ba?o, el ambiente entre ustedes era raro. ?Ocurrió algo durante el entrenamiento?

  El recuerdo hizo que Mochi se sonrojara al instante. Las imágenes de aquella sesión volvieron a su mente… junto con esa punzada incómoda en el pecho que aún no sabía explicar.

  —Senpai… —insistió Miyu con suavidad.

  Reuniendo valor, Mochi decidió hablar. No estaba segura de querer oír la respuesta… pero necesitaba hacer la pregunta.

  —Miyu… —dijo en voz baja—. ?Qué te pareció el entrenamiento? ?Qué… qué sentiste?

  —?Eh? ?Ah! —Miyu abrió los ojos, como si de pronto todo encajara—. ?Ya entiendo la razón de su discusión!

  El corazón de Mochi dio un salto. La vergüenza le subió al rostro de golpe.

  —?L-lo sabes…?

  —?Claro! Estabas molesta porque el masaje de Haruka-san fue muy doloroso.

  Mochi se quedó en silencio, procesando la idea.

  ?Doloroso…? ?De verdad había sido doloroso?

  —Miyu… ?a ti te dolió el masaje?

  —Sí. No fue insoportable, pero definitivamente no fue agradable —respondió ella con naturalidad—. ?A ti te dolió mucho?

  Mochi se rascó la mejilla, evitando mirarla, con el rostro cada vez más rojo.

  —No… no diría que fue doloroso… —murmuró—. De hecho… se sintió… bien.

  Su voz se fue apagando hasta convertirse en un susurro casi inaudible.

  La respuesta desconcertó a Miyu. Estuvo a punto de preguntar a qué se refería exactamente con bien, pero al ver el sonrojo de Mochi lo comprendió sin necesidad de palabras.

  —Entonces, senpai… ?por qué discutieron? Si no fue por el masaje, ?Haruka-san hizo algo malo?

  Mochi negó lentamente con la cabeza.

  —No. Ella no me hizo nada… fui yo la que se enojó. Pero no entiendo por qué. ?Por qué me molestaría la idea de que Haruka te diera el mismo masaje a ti? Tú eres una amiga muy importante para mí… y aun así me sentí molesta, como si me hubieran quitado algo que era mío.

  Al oír eso, el corazón de Miyu dio un vuelco doloroso. Bajo el agua, apretó los dedos con fuerza, ocultando la tensión. Para ella, la respuesta era clara como el vapor que flotaba a su alrededor: celos.

  Bajó la mirada, atrapada en un conflicto interno.

  Si no le digo nada, quizá nunca lo note… quizá se aleje de Haruka y se acerque a mí, pensó, sintiendo ese egoísmo arderle en el pecho.

  Pero cuando volvió a mirar a Mochi y vio la confusión sincera en sus ojos, su lealtad ganó. No podía permitir que su senpai sufriera sin entender su propio corazón.

  —Senpai —dijo al fin, forzando una sonrisa agridulce que el vapor disimulaba a medias—. ?Alguna vez te has sentido molesta cuando ves a Haruka-san actuar de manera amigable con otras chicas?

  —Haruka no es amigable con otras chicas —respondió Mochi de inmediato.

  —Lo sé, pero imagina que hace una nueva amiga. Que es amable con ella… de la misma forma que lo es contigo. ?Cómo te sentirías?

  Mochi se quedó en silencio. Cerró los ojos por un instante e imaginó a Haruka sonriendo a otra chica, hablándole con calidez, dedicándole esa expresión que ella conocía tan bien. La misma molestia regresó, punzante, apretándole el pecho.

  —No me gusta… —admitió al fin—. Me hace sentir mal, no quiero que Haruka le sonría a nadie más. Quiero que esa sonrisa sea solo para mí.

  Miyu sintió cómo cada palabra que decía la alejaba un poco más de su propia oportunidad, pero continuó:

  —Entonces no es por el masaje en sí —dijo con suavidad—. Es porque fue Haruka-san quien lo hizo. Y fue la idea de que ese momento “especial” no fuera solo tuyo… lo que realmente te dolió.

  Miyu se acercó un poco más y apoyó una mano reconfortante sobre el hombro de Mochi.

  —Senpai… no estás enfadada porque Haruka-san sea amable —dijo con suavidad—. Estás enfadada porque quieres que esa forma “especial” de ser de Haruka-san sea solo tuya. Lo que sentiste no fue confusión… fueron celos. Fue el miedo a compartir a la persona que te gusta.

  Mochi se quedó completamente inmóvil.

  Las palabras de Miyu cayeron sobre ella como un balde de agua fría.

  El masaje.

  La calidez de las manos de Haruka.

  Su enfado irracional al imaginar esas mismas manos tocando a Miyu.

  Todo encajó. Cada pieza del rompecabezas ocupó su lugar con una claridad abrumadora.

  —?Me… gusta Haruka? —susurró Mochi, como si decirlo en voz alta pudiera alterar su mundo.

  Se tapó el rostro con ambas manos, esta vez no por el agua, sino por el rubor intenso que le ardía en las mejillas, superando incluso el calor de las termas.

  —?Soy una idiota! —exclamó de pronto, recuperando su torpeza habitual mientras intentaba ponerse de pie… y casi resbalaba en el fondo—. ?Le grité! Tengo que arreglarlo.

  —Cuando vuelva, asegúrate de disculparte con ella,.

  —Sí, eso haré.

  La emoción de Mochi no duró mucho. De pronto se dio cuenta de que seguía de pie… y de que su cola empapada estaba completamente expuesta.

  —?...! —sin perder un segundo, volvió a sumergirse en el agua—. Miyu… ?la viste?

  —?Eh? ?Qué cosa?

  —?La viste? —insistió Mochi, intentando de manera demasiado obvia ocultar la cola detrás de su cuerpo.

  Miyu no pudo evitarlo. Era imposible no haberlo notado.

  —Perdón… sí, la vi.

  Mochi infló las mejillas, avergonzada. Para aliviar el ambiente, Miyu decidió cambiar de tema.

  —Senpai, ?qué te parece si salimos ya? Debería estar por volver el grupo de búsqueda —comentó—. Por cierto… ?ya sabes qué le dirás a Haruka-san cuando la veas?

  —?Qué le diré? Bueno… me disculparé por haberme enfadado antes.

  —No, no me refiero a eso. ?Le confesarás tus sentimientos?

  Mochi negó lentamente con la cabeza.

  —Aún es muy pronto. Haruka siempre se preocupa por protegerme… Quiero poder estar a su lado como iguales. No quiero ser siempre la que se queda atrás, la que es protegida. Por eso… no se lo diré ahora.

  —Ya veo.

  —Por cierto… gracias, Miyu —a?adió Mochi, antes de rodearla con un abrazo cálido—. De verdad eres una gran amiga.

  Después de salir de las aguas termales, ambas se detuvieron junto a la ventana. Afuera, la nevada había aumentado su intensidad, cubriendo el paisaje con un manto blanco y silencioso.

  Mochi juntó las manos, cerró los ojos y rezó en silencio por la seguridad de Haruka.

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